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miércoles, 29 de agosto de 2012

Vivencias en la casa del Inspector

La casa del inspector

Olores:  los de la cocina, económica, grande a carbón, mi mamá le
pasaba seguido  en la plancha  un limón cortado  que generaba  un olor
particularmente agradable, sobre la plancha se hacían  los churrascos,
la cocina estaba siempre en movimiento en la elaboración de las
distintas comidas, contaba con una serpentina para agua caliente la que
se almacenaba en un tanque en un plano superior sobre la cocina para
lavadero y baño.
También,  el olor a mar cuando el viento venia de su lado.

Ruidos: De la calle  los de los ómnibus de la línea 1 en ese entonces,
cuando pasaban para Bahía  o de regreso sobre el empedrado de  la calle
Guillermo Torres.  También de los camiones con cereales que iban al
puerto  y carros.

Luces, sombras: La de los veladores colocados sobre los  sillones para
leer o escuchar radio
La sombra de los tamariscos altos que estaban en el patio cuando bajaba
el sol. Todo el alambrado perimetral estaba con tamariscos .

Gallinero: era de una construcción de chapa y alambre extremadamente
prolijo y muy amplio, nunca tuvimos  pollos o gallinas, mi papa decía
que el deporte de los ferroviarios era robarle las gallinas al jefe,
cosa que paso cuando estuvimos  en la colonia al lado de la usina.

Escondites:  Sobre el lateral de la calle Torres había un alambrado y
sobre este tamariscos. Paralelo a estos, a eso de dos metros de
separación había otra hilera, que formaban en la parte superior una
glorieta, que no era un escondite pero era agradable caminar por allí.

Sensaciones: Todo el patio estaba cubierto de grava (caracolitos
chicos) y al caminar producía una sensación de caminar sobre una
alfombra mullida con un ruido característico

Recuerdos: Cuando  Eva Perón  visitó el puerto de Ingeniero White, la comitiva paso frente a la casa y nosotros estuvimos mirando (debe haber sido
alrededor del  año 50)
Un día entró un hombre a caballo en nuestro  patio. Tenía un pañuelo
rojo  atado en el cuello y traía un papel, que le entrego a mi papá y se
fue.  Allí decía que lo retaba a duelo.
Mi papá  fue a ver al comisario, para hacer la denuncia  y no paso mas
nada.

En el patio había un mástil, donde izábamos la bandera en las fiestas
patrias.

El patio tenía una casilla con herramientas y lugar para hacer hobbies
o trabajitos pequeños de mantenimiento.

Era habitual jugadas de canasta a la noche en vísperas de feriados
(hasta muy tarde) con los vecinos (Flia.  Márquez).

Un día mientras escuchábamos por  radio (sería fin de semana o feriado,
por que estaba mi papá, también) la colisión y hundimiento del buque
Maipú, orgullo de la flota mercante Argentina con un buque holandés. El
capitán del Maipú era el hijo de nuestra vecina (Sra. de Márquez).  Mi
mamá se puso en contacto con ellos para avisarles (el capitán no tuvo
consecuencias físicas).

Como en la escuela industrial de Bahía Blanca no había espacio, los que
cursábamos el último año íbamos a la tarde/noche a la escuela. Yo tomaba
el tren local (a la tarde) y volvía en ómnibus a la noche en la línea 1
de la Unión, que me dejaba en la equina de  nuestra casa. El ómnibus
salía de la plaza Rivadavia frente al banco Nación. Cuando estaba por
salir, se sentía el grito del guarda   ¡arriba los que van a guaite!
En esa época empecé a trabajar en Mecánica White.

Nuestra familia bahiense nos visitaba, por lo general algún fin de
semana tomaban el tren local  La estación quedaba bastante alejada,
aunque en ese momento no nos dábamos cuenta y parecía normal caminar el
recorrido.
Las  visitas eran de amigos, por lo general ferroviarios.
Mi primo de Campana, con sus padres cuando se recibió de medico,
hicieron un viaje a visitarnos a White. Comimos un asado hecho en un
horno de barro que yo había hecho y estaba, en el patio, entre la
glorieta de tamariscos. Mi primo comentaba a cada rato ? deja que
caliente el horno el dueño del amasijo?.

En el patio había flores (un lindo jardín) y una huerta (especialmente
tomates y verduras), que era trabajoso mantener.  Al principio el
ferrocarril ponía un peón para mantenimiento, pero después lo retiraron,
así que continúo con el trabajo mi mamá.
Mi papá fabricó un telescopio y desde allí mirábamos la luna. Los
cristales los hicieron en la óptica Proverbio (de Bahía)
Para las estufas, el ferrocarril proveía carbón o quebracho como leña.
Teníamos una leñera grande al lado del lavadero.
Las provisiones se compraban en el club de empleados (bazar) que estaba
en Bahía  Blanca (un lugar grande) y tenia una sucursal pequeña cerca de
la superintendencia en White

Para comprar ropa mi papá iba a New London en Bahía, quien estaba en
contaduría era Ezequiel Crisol.

El relato que antecede fue realizado por Mario de Simón quién parte de su vida habitó la Casa para Inspector de Locomotoras (ver entrada del jueves 16 ppdo.).

De Simón, actualmente retirado del ferrocarril, culminó su carrera ferroviaria como Jefe de Talleres Noroeste.

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